Esta epidemia se desarrolla en un contexto ya marcado por la inseguridad, los desplazamientos y sistemas de salud frágiles. Para contener la propagación, es esencial garantizar un acceso rápido a la ayuda humanitaria y al mismo tiempo fortalecer la confianza y el flujo de información dentro de las comunidades afectadas, explica Baptiste de Gaillande, responsable de país de Handicap International en la República Democrática del Congo.
El 15 de mayo de 2026, la Organización Mundial de la Salud confirmó una nueva epidemia de Ébola, provocada por la cepa de Bundibugyo. En la RD Congo, Handicap International ha estado actuando desde los primeros días de la crisis.
En el este del país, Atlas Logistique, la unidad especializada de Handicap International, apoya las operaciones humanitarias transportando y almacenando material médico esencial. Más de once toneladas de equipo, incluyendo equipo de protección, medicamentos y materiales de aislamiento, ya se han llevado a las áreas más afectadas de la provincia de Ituri.
Dada la difícil accesibilidad, la inseguridad persistente y la desconfianza de parte de la población hacia las instalaciones de salud, Handicap International también está comprometida en el trabajo de sensibilización para promover la prevención y detección temprana de casos.
En Uganda, donde la epidemia se ha extendido menos, Handicap International se centra en incluir a personas con discapacidades en campañas de concienciación, ya que a menudo son excluidas y están en mayor riesgo. La organización ya ha distribuido más de 2500 materiales de sensibilización accesibles, ha difundido mensajes de prevención en la radio y ha fortalecido las capacidades de los socios para una ayuda inclusiva.
Además, Handicap International planea expandir las medidas en los campos de agua, higiene y saneamiento, realizar campañas de sensibilización móvil, brindar apoyo en el área de la salud mental y proporcionar ayuda financiera a los grupos de población más vulnerables. Si estas medidas se implementan por completo, podrían apoyar a más de 19,300 personas con discapacidades.
Ciertas personas con discapacidades, especialmente aquellas con enfermedades relacionadas a la discapacidad, tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar un curso grave de la enfermedad o morir si están expuestas al virus. Además, muchas personas con discapacidades dependen de cuidadores para su atención diaria. Esto hace que sea aún más difícil evitar la principal vía de transmisión de la enfermedad: el contacto físico, añade Pauline Nadim-Ducos, responsable de país de Handicap International en Uganda.
