El 14 de junio de 2026, Suiza vota sobre una propuesta de gran importancia económica, social y política europea. La iniciativa popular "Suiza de menos de 10 millones" quiere introducir una rígida limitación a la población residente de 10 millones. Esto amenaza la prosperidad, la calidad de vida y los empleos, y, por ende, el abastecimiento básico en Suiza. Con la iniciativa, la escasez de personal calificado se intensificaría notablemente, ya que debido al desarrollo demográfico más personas se jubilan que las jóvenes que ingresan al mercado laboral. Esto agravaría la situación, ya de por sí tensa, en muchos sectores, como el de la atención y la salud; la seguridad en el suministro se vería afectada y los tiempos de espera aumentarían. También faltarían profesionales en TI, investigación, tecnología o energía, lo que debilitaría la capacidad de innovación de Suiza. Los centros urbanos, como impulsores de la innovación y semilleros de startups, se verían particularmente afectados. Por ello, la Asociación de Ciudades apoya la amplia alianza de política y economía contra la iniciativa.
Si se acepta la iniciativa, se tendrían que rescindir acuerdos internacionales, en especial los acuerdos bilaterales probados con la UE. Las ciudades suizas, como las ubicaciones económicas más importantes, dependen de mercados abiertos y conexiones internacionales y han respaldado desde siempre el camino bilateral y la libre circulación de personas. Para las empresas suizas no sólo es fundamental el acceso claramente regulado y confiable al mercado interior de la UE. También deben tener la posibilidad de reclutar trabajadores de la UE de manera no burocrática y específica.
Además, con la iniciativa se pondría en peligro la seguridad de nuestro país. Si también caen acuerdos como Schengen/Dublín, se dificultaría la cooperación policial y el sistema de asilo estaría más sobrecargado, con impactos notables para cantones y ciudades.
La experiencia de las ciudades suizas muestra que el crecimiento demográfico, si bien trae consigo desafíos, también asegura una vida urbana diversa y atractiva. Una población mayor va de la mano con mayor desempeño laboral, infraestructura ampliada, más instituciones educativas y de cuidado, instalaciones culturales y una variada oferta gastronómica. Las ciudades han demostrado repetidamente que pueden manejar y diseñar el crecimiento en movilidad, vivienda e infraestructura; por ejemplo, mediante inversiones en transporte público, la promoción de la vivienda social, el desarrollo de nuevos barrios y un desarrollo interior de calidad. Los desafíos existentes, como en la vivienda, sólo pueden resolverse con instrumentos de política dirigidos. Un límite rígido a la población es el enfoque equivocado.
